La magia terapútica de los cuentos

 

— Fina Subiñá Clotet

Este trabajo fue presentado en el Congreso de Terapia Floral realizado en Barcelona en noviembre del 2007. Ver la presentación original (gracias a Pau Castro Niubó).

Gracias por este espacio que se me ofrece donde poder compartir esta pequeña historia creada para conectarnos con el arquetipo del niño interior.

Me gustaría guiarles hacia una pequeña vivencia de alma a través del niño que todos llevamos dentro. Ayudaría en ello que los que quieran participar, dejaran los papeles y lápices a un lado, abandonando esta parte de la mente relacionada con el hemisferio izquierdo del cerebro: racional, objetiva, analítica, que todo lo quiere registrar; y se permitan conectar con esta otra parte de la mente relacionada con el hemisferio derecho: más irracional, intuitiva, imaginativa, que nos da acceso a otra dimensión espacio-tiempo, desde donde no solo podemos sentirnos, si no que además dejamos de vivirnos fragmentados porque intuimos, más que comprendemos, la interdependencia de las partes con el todo.

Alguien dijo: ”No dejamos de jugar porque envejecemos, sino que envejecemos porque dejamos de jugar.”

Les invito pues a jugar (los que no quieran pueden  seguir envejeciendo).

Les pido que abandonen expectativas, se acomoden en sus asientos, cierren los ojos y  se dejen guiar.
Nos centramos en  respirar suavemente, es decir sin forzar, pero profundamente, tratando de relajar el cuerpo que cada vez sentimos  más  y más ligero...

Buscamos ahora el recuerdo de un momento en el que nos hemos sentido colmados de paz y bienestar, revivimos este momento conscientemente y llevamos esta vibración de paz a todas las células del  cuerpo.

Al inspirar atraigo paz y al espirar me sumerjo en ella.
Inspiro...espiro...

Pueden abrir los ojos...  

Para preparar la receptividad de la mente les propongo que escuchen una pequeña historia inventada  mientras miran las siguientes imágenes como si fueran las primeras que vieran en mucho, mucho tiempo...

En un país cercano, érase una vez una mujer... , o tal vez era un hombre, que un día se despertó dándose cuenta de que sus paisajes cotidianos, siendo los mismos, ya no le parecían iguales.
 
En el jardín de su casa podía ver una mujer tumbada  fundida con el paisaje y del florido jardín de su vecino otra enorme mujer hacia el gesto de incorporarse.

Cerró los ojos dispuesta a tomarse un café, hoy bien cargadito, ya que decididamente aún no había salido del mundo de los sueños.

En la cocina, mientras sorbía lentamente su café, miró como tantas otras veces las fotos de sus queridos abuelos, y....
¡Otra vez lo mismo!, repentinamente la barba de su abuelo se transformaba en un hermoso caballo blanco, la nariz en un jinete, la ceja en un sombrero...

El cabello de su abuela ahora era también  una hermosa cascada, en el perfil de su cara podía verla joven y desnuda, nunca había visto a su abuela desnuda, que guapa era.

¿Que estaba pasando?
Podía sentir la cafeína latiendo en su cuerpo, sabía que estaba despierta...
 
Pero mirara donde mirara todo era distinto. ....

Las mariposas se podían convertir en narices, las flores eran también  labios....

Los cabellos ... caballos..., las montañas....

¿Que estaba pasándole?
Siempre había presumido de su cordura, ¿estaría volviéndose majara?

No era una persona dada a extravagancias y aquello debía tener alguna explicación.

Empezaría repasando todo lo que había hecho la noche anterior:
Tomó una cena ligera, dio un pequeño paseo  y después estuvo leyendo un libro que aunque no comprendía del todo le entusiasmaba ya que le hacía soñar vivamente, algo que desde niña no le sucedía.

Era un libro presumiblemente científico, por suerte escrito en lenguaje comprensible, que explicaba  la evolución del ser humano en relación a la evolución de su cerebro
Se enteró de que tenemos un cerebro muy antiguo, llamado reptiliano,  instintivo, desprovisto de emociones y relacionado con  todo lo que tiene que ver con la supervivencia.
Después, con los mamíferos, apareció el cerebro llamado emocional. Según el libro, esta es la parte de nuestro cerebro que recibe, interpreta y finalmente responde a toda la información que le llega a través de los sentidos.
Es decir, la realidad es subjetiva, la  vemos, la sentimos, la vivimos según nuestra propia textura emocional.
Interesante pensó, esto explicaría algunas cosas de nuestro comportamiento.

Finalmente en el proceso evolutivo se desarrolló el cerebro propiamente humano “La corteza cerebral”, que nos convierte en  seres pensantes, creadores y conscientes.

Ahora comprendía lo que su terapeuta le decía siempre: Enfoca, observa, date cuenta.

Claro, si no era capaz de crear conscientemente otras respuestas, seguiría   viviendo su vida según unos archivos emocionales automáticos  preestablecidos que  por otra parte le eran prácticamente desconocidos.

Lo último que había leído, relataba la diferencia entre las sociedades  primitivas que vivían la vida en unión mística con la naturaleza, con miedo a todo lo desconocido y poca capacidad de análisis, a diferencia  de la sociedad actual muy atraída por lo desconocido, con una capacidad de análisis y creación muy grande, perdiendo eso sí, el contacto con la naturaleza y desplazando todo lo mágico (es decir lo incomprensible desde el análisis) al inconsciente.

Se durmió pensando que fantástico sería poder  hablar con las flores, los animales y las piedras.... como en los cuentos

Uauh! por fin  aparecía algo en su vida que realmente le interesaba. Se sentía despierta, revitalizada y con ganas de seguir explorando.

Quizás esto aportara de nuevo sentido a su existencia, que últimamente sentía tediosa y aburrida.

“La magia terapéutica del cuento”

Ante todo quisiera definir las palabras magia y cuento.
Con magia no me refiero a la magia ilusionista que “parece que es” pero “no es”, ni tampoco a la  magia negra que nos convierte en seres desprovistos de voluntad y  por tanto vulnerables a la voluntad del otro, si no a la magia de la Vida, eso que hace que habitar en esta esfera azul suspendida en un universo infinito, sea una experiencia misteriosa y apasionante.

Con la palabra magia me refiero a la magia vinculada al arquetipo del mago, sin duda arquetipo de alma.
El mago es aquel que conoce el ritual que va a facilitar el cambio... El mago es aquel que aún conociendo  lo difícil, e incluso despiadada, que puede llegar a ser  la vida, se abre a ella dispuesto a dejarse sorprender como un niño.

El mago es el que sabe como disfrutar de lo sencillo de la vida, el que vé no solo con los ojos físicos, si no con los del alma, pudiendo descifrar y rescatar de todas las realidades superpuestas la que dé sentido a la existencia.

Cuando uso la palabra cuento no me refiero a  nada relacionado con embuste, embrollo, engaño...etc. Tampoco me refiero a estos cuentos modernos desprovistos de alma, es decir de significado, que parecen escritos con la perversa finalidad de adaptarnos a un modelo de vida prefabricado y robótico en el que poca libertad queda para  descubrir y mucho menos para expresar lo que realmente somos.

Con la palabra cuento me refiero al relato de cualquier época, que a través del lenguaje simbólico propio de cada cultura, imprime en el alma todo lo que esta necesita para despegar  y volar.

Me refiero al  cuento que ofrece un paisaje amplio, imaginativo y mágico donde todo es posible, incluso lo aparentemente imposible. Donde los sueños se pueden convertir en realidades, o en el peor de los casos quedar latentes como semillas a la espera de su germinar.

Niño interior

Para hablar de niño interior empiezo con estas imágenes de mamíferos salvajes atentos a sus crías, para recordar que tenemos en el cerebro emocional, desde hace millones de años, la memoria  de como atender y cuidar a nuestras hijos y también como cuidarnos. En el ser humano cuando la emoción se conecta con el pensamiento, se convierte en sentimiento, una emoción más refinada por ser  consciente, que participa en todo lo relacional o vincular

Con niño interior me refiero a la parte de nuestra psique  que está en contacto con el alma y por lo tanto con toda la potencialidad del ser.

El niño es humilde por naturaleza. Le gusta jugar y aprender. Fluye con sus emociones. No juzga ni se juzga No hiere ni se hiere  porque está en contacto con “El todo”.

Pero con niño interior me refiero también al ”niño herido” que todos llevamos dentro, asentado en lo profundo de nuestro corazón, en el plexo cardíaco, cruce del eje vertical, tierra-cielo o dicho de otro modo materia-espíritu y el eje horizontal, aquel que se manifiesta cuando desplegamos los brazos para abrazar o herir al otro.

Es en este cruce donde nos estamos desarrollando como seres humanos. Somos animales pensantes, somos seres conscientes y creadores, cierto. Esto es lo que nos diferencia de los otros animales, pero somos también seres provistos de sensibilidad que nos permite sentirnos y también sentir el mundo que nos rodea. Es esta capacidad  la que nos acerca al amor consciente que nos permite perdonarnos y perdonar..., amarnos y amar...
Solo nos curamos, solo nos sanamos con amor y desde el amor.

El cuento como relato simbólico

Nacemos ya con un equipaje enorme de creencias evolutivas, históricas, culturales, familiares, pero incluso con todas estas limitaciones mientras somos niños estamos totalmente abiertos y receptivos a lo que la vida nos trae, viviendo cada instante con entrega y pasión.

Con las primeras heridas, empezamos a construir nuestras propias corazas, es decir, a generar mecanismos que nos permitan adaptarnos y sobrevivir  y en este sobrevivir, que no es lo mismo que vivir, vamos quedando enredados en una lucha interminable (con la vida), en lugar de experimentar la danza de la vida, que es la danza de la creación.

Jung  nos explica que en el inconsciente colectivo  reposa en forma de símbolos arquetípicos todo lo que el hombre ha sido, todo lo que hombre es y todo lo que el hombre puede soñar llegar a ser. Los verdaderos cuentos tratan sobre eso.

Mi experiencia en consulta es que también en el adulto el cuento no solo nos conecta  con el niño interior, sino que además, como relato simbólico, ayuda a desvelar donde el alma quedó atrapada, donde comenzó la herida.

A veces la simple pregunta ¿Recuerdas que cuentos te gustaban de niño o niña?, formulada en el momento adecuado, rescata del inconsciente una cascada de emociones revelando, heridas maquilladas, sueños  y anhelos rotos...permitiendo en este instante emocional donde pasado y presente se reúnen, reintegrar de forma más consciente y en presente la propia realidad.
 
Ni que decir tiene que la terapia floral es muy útil en este proceso. Resulta muy difícil sistematizar que flores pueden servir, porque cada persona es un ser único e irrepetible, que necesita de un acompañamiento personalizado, y en esto consiste el arte terapéutico.

Solo apunto a algunas de las más usadas:

BEECH: si hay un exceso de juicio hacia los aspectos relacionadas con la propia infancia, que ha menudo se proyectan hacia los demás.

PINE: para liberar el auto castigo que impide conectarse con el permiso para disfrutar

CENTAURY: si surge un niño demasiado complaciente y sumiso con la familia, que descuida sus propias necesidades

CHERRY PLUM: miedo a dejarse llevar por  la espontaneidad del niño

MARIPOSA LILY: para ayudar a restaurar la relación con la propia madre.

LADY´S MANTLE: ayuda a restablecer el contacto con la energía nutritiva de la madre tierra

BABY BLUE EYES: para reparar la relación con un padre que maltrató o abandonó

ANGÉLICA: si el niño interior presenta mucho desamparo

EVENING PRIMROSE: para sanar la profunda herida de haber sido rechazado o abandonado

BLEEDING HEART: aceptar y drenar el dolor instalado en el corazón

JOSHUA TREE: ayuda a  enfocar el Karma familiar en el que estamos implicados

PINK YARROW: como protección para un exceso de sensibilidad a las emociones de los otros

IRIS: para reconectarse con la inspiración creativa natural en todo niño

ZINNIA: para recuperar el contacto con el auténtico niño interior capaz de disfrutar la vida y aprender jugando

SHASTA DAISY: nos  nos aportará capacidad de integración

El patito feo

En realidad tengo dos versiones, la primera leída en clave de humor floral, tiene que ver con el recuerdo que  tengo de la versión que me llegó de niña.

Sería algo así:

Érase una vez un patito tipo Agrimony por la sonrisa permanente que llevaba puesta. Parecía aterrizado de otro planeta, es decir necesitado de tomarse unas cuántas dosis de “Shooting Star”.
Iba desesperadamente de uno a otro   “a lo Heather”, preguntando por su familia.

Cada día se sentía más extraterrestre (Shooting Star) y más solo (Heather), hasta que un día  se contempla en el agua y se encuentra bellísimo a lo Narciso...y oooh!, allí estaba su familia. Final feliz. Era una versión muy simplona, no era uno de mis cuentos preferidos.

Muchos años después, cuando leí la versión original de Andersen, comprendí que es un cuento que, simbólicamente, habla del tránsito por la vida, desde que nacemos hasta que nos reconocemos.

Habla de lo importante que es  que la primera tribu (la familia) nos acompañe en la infancia..... De la necesidad de ser cobijados, nutridos y aceptados por ella tal  y como somos. Algo que no siempre sucede así.

Habla de lo solitario, difícil y a veces profundamente doloroso que puede llegar a ser el proceso de construcción de  “autoestima”.  Proceso que empieza a tener mucha importancia en la pubertad y adolescencia, pero en realidad se trata de un valor a cuidar siempre para poder prosperar en nuestro proceso de “individuación”.

Habla de la importancia de perseverar

Habla del arquetipo del buscador. Arquetipo que nos acerca a la necesidad de  construir una personalidad propia para finalmente entregarla al propósito de alma. 

Montaje audiovisual de 3-4 minutos que trata de representar el descenso a los infiernos y la necesidad de remontar el vuelo para alcanzar el contacto con el alma

La conexión con el alma no nos asegura una vida más fácil, pero sí más plena,incluso por momentos más ligera

En esta búsqueda, los momentos de luz y oscuridad se suceden como el día y la noche......

En todo caso siempre nos queda sentarnos en un amanecer o atardecer a contemplar  la belleza de nuestro universo.
Escribir a Fina Subiñá Clotet.

Música: Peter Gabriel-Passion
Voz: Nusrat Fateh Ali Khan

 

 


 


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